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El refugio de la verdad en La Fundación de Buero Vallejo

“¡Debemos vivir! Para terminar con todas las atrocidades y todos los atropellos. ¡Con todos! Pero…en tantos años terribles he visto lo difícil que es. Es la lucha peor: la lucha contra uno mismo”.

El principal interés de Buero Vallejo en La Fundación reside en la preocupación por desenmascarar la mentira que se esconde tras un sistema opresivo que impide que el hombre viva en la verdad. De la forma más explícita que nunca, Buero Vallejo nos invita a asistir a este paulatino desvelamiento de la realidad que emerge de la ficción nacida del terror. El valor de la realidad radica en la tristeza y el dolor, y la búsqueda de ésta es representada a través de un esquema argumental muy preciso, que funcionará como motor de transformación de los personajes y como entendimiento de que “vayas donde vayas, estás en la cárcel” y “entonces hay que salir de la otra cárcel. ¡Y cuando estés en ella salir a otra, y de ésta a otra” La verdad te espera en todas ellas, no en la inacción”.

La búsqueda de la verdad no solo depende del deseo de encontrarla, también del deber de poder hacerlo, puesto que la persona está condicionada por su realidad y a si mismo ésta lo hace sobre sus actos. A final la respuesta del hombre no es libre si está frente a un terror insalvable. Dichas limitaciones (a las que Buero Vallejo se refiere en esta obra como ceguera, sordera, mudez o perturbaciones mentales) impiden que el hombre haga conciencia de los factores alienantes, haciendo de la mentira, un refugio de la verdad. Pero lo que engrandece al hombre, es que una vez se es consciente de esa limitación, se supera, como hace el protagonista de esta obra, Tomás, que pasa de estar en la habitación de La Fundación a la celda de la cárcel.

Para ello se servirá de los efectos de inmersión, la aportación técnica más característica del teatro de Buero Vallejo que permite que el
espectador simultanee con la conciencia de los personajes e introduzca al primero en el drama, no como sucede con las técnicas de distanciamiento de Brecht; a propósito de la entrada anterior, pero sí consiguen aunarse en un mismo propósito: enriquecer la relación entre escena y espectador. En el caso de La Fundación, la inmersión llega a su zénit cuando el espectador ve la realidad deformada, a través de los ojos de Tomás, y la ficción va apagándose para dar luz a la realidad.

La Fundación es una producción dramática que integra la catarsis, o lo que es lo mismo; purificación del espectador simbiótica con el
personaje, y después, el final abierto de la obra, y su estructura circular. Buero Vallejo, pinta un final fatalista pero también lo llena de una esperanza trágica, que el propio autor recuerda el origen del género en la Orestíada de Esquilo, donde el inexorable destino es sustituido, a través del valor de la libertad humana, en un destino determinado por nuestros actos, como diría Buero Vallejo, a través de su personaje Asel: “Duda cuanto quieras, pero no dejes de actuar”.


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